¿Qué ha pasado en España? (iii)


finance01Luis Garicano (ver entradas anteriores sobre El Dilema de España y Determinantes de la Innovación), analiza la evolución reciente en España en el mercado laboral y afirma que los empleos perdidos son los que requerían un menor nivel educativo: el 100% corresponde a niveles educativos no universitarios.

Pese al indudable avance a la hora de flexibilizar los convenios, uno de los dos cánceres clave de nuestro mercado laboral, queda pendiente el otro: la enorme dualidad  temporalidad de este mercado, que dificulta la formación y, por tanto, la productividad.

El modelo político y económico de la Transición nos ha llevado a una situación de desconfianza generalizada hacia unas instituciones que los españoles no consideran representativas, con un sistema político que corre el riesgo de derrumbarse estrepitosamente como el griego o como lo hizo el de Italia en la década de 1990.

España debe realizar la transición económica que tiene pendiente, la transición hacia una economía de mercado transparente y competitiva, en la que el mérito, el trabajo y la innovación sean el único camino a la riqueza y al éxito social y personal.

Un Modelo Económico y Político más humano y eficiente para hacer de España un país del Norte

España necesita un modelo de desarrollo más humano, más libre y más eficiente. Se trata de una visión humanista, alejada del capitalismo de Estado de los países totalitarios, del keynesianismo intervencionista dominante en la época o del capitalismo potencialmente monopolista y capturado por las grandes empresas de los países anglosajones.

España necesita un cambio económico e institucional tan radical como el de la Alemania de la posguerra. Sin una reordenación de las instituciones, España no podrá competir en la economía del conocimiento.

España deberá:

  • Asegurar una verdadera competencia, que es crucial para el crecimiento económico.

o   una verdadera política de defensa de la competencia, con un regulador poderoso, bien cualificado y autónomo, es un elemento crucial para el crecimiento económico

  • Facilitar el crecimiento del tamaño de las microempresas, nivelando el terreno de juego entre empresas de distintos tamaños.

o   Rafael Doménech, (BBVA), muestra que, a igual tamaño, las empresas españolas son igual de productivas que las estadounidenses. Es decir, una empresa española pequeña es igual de productiva que una extranjera. Una empresa mediana también es igual de productiva comparada con otra mediana extranjera. Lo mismo sucede con las grandes.

o   Tenemos muchas más empresas pequeñas que grandes. Mientras que en Estados Unidos menos del 15 por ciento del empleo está concentrado en empresas con un número menor a 20 empleados, en España el 27 por ciento se encuentra en esta categoría.

  • Flexibilidad, para  permitir la reasignación de recursos entre empresas.
  • Reducción de interferencias del poder político en el sector financiero.

La lentísima recuperación de España tras la crisis tiene que ver con la rígida regulación de los mercados de trabajo y de capital.

En los mercados de capital, la mayor dificultad es contable y regulatoria y tiene que ver con el reconocimiento de pérdidas derivadas de la burbuja.

No podemos tener una economía de mercado que funcione si protegemos a las empresas quebradas de la bancarrota, a los bancos quebrados de la reestructuración y a los trabajadores en sectores sin futuro de su traslado a otros sectores.

La lección más importante de la crisis, como sucede en otros ámbitos, es que resulta necesario separar escrupulosamente los mecanismos de asignación de capital del poder político.

La causa principal de la gravedad de la crisis de la eurozona es el nudo diabólico que ata a bancos y Estados de cada país.

En el origen de la crisis, en 2007, el Estado era claramente solvente. Los problemas de liquidez y solvencia los sufría exclusivamente el sistema financiero. Durante los siguientes años, gran parte del sistema financiero español se embarcó en una desenfrenada huida hacia adelante, refinanciando por doquier préstamos inmobiliarios impagables. A medida que crecía el agujero en los balances, los inversores extranjeros se preocupaban más por la solvencia del Estado. Imaginaban que todo terminaría en una solución a la irlandesa, es decir, en una asunción por el Estado de todas las deudas en las que había incurrido el sector financiero.

Mientras los bancos españoles se convertían en el principal soporte del Estado, éste era la única fuente de capital que los bancos encontraban.

Por dar unas cifras concretas, mientras en octubre de 2008 el sistema financiero español tenía 78.000

millones de euros de bonos del Gobierno, en mayo de 2013 dichas participaciones habían aumentado a 300.000 millones de euros: el 30 por ciento del PIB, según datos del Banco de España.

El Estado español asume más riesgo de los bancos, éstos tienen más deuda pública, el crédito se restringe y el crecimiento sufre.

La consecuencia de la delicada posición conjunta del sistema financiero y del Tesoro español es una brutal contracción del crédito en nuestra economía. Estudiamos el perjuicio que las duras condiciones financieras suponen para las empresas españolas. Las empresas cuyo crédito procedía de entidades que luego fueron intervenidas (las antiguas cajas) habían perdido entre 3,5 y 5 puntos más de empleo que aquellas que lo recibían de otras entidades.

El problema del nudo infernal entre bancos y Estados al que se enfrenta Europa no puede resolverse sin separar la solvencia de ambos. Además, cortar el nudo diabólico requiere avanzar hacia una unión bancaria.

 

 

 

 

 

 

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