Nadie que se levante al alba durante 360 días al año, fracasa en el intento de enriquecer a su familia


Recientemente he tenido ocasión de leer un interesante libro de Malcom Gladwell uno de los 50 top thinkers sobre gestión empresarial en el mundo, titulado Outliers y autor también de The Tipping Point, su obra más conocida y que le catapultó a la fama.

Me ha llamado mucho la atención el apartado referido a las “parcelas” de arroz de los chinos que comienza con el lema “No one who can rise before dawn three hundred sixty days a year fails to make his family rich” (Nadie que se levante al alba durante 360 días al año, fracasa en el intento de hacer que su familia se enriquezca”).

Se trata de diminutas porciones de tierra (equivalentes al tamaño de una habitación de hotel) capaces de alimentar a una familia. Gladwell dice que con el tamaño de una granja media americana en China vive una población de 15 habitantes. La productividad es altísima.

¿Cómo lo consiguen? Convergen varios aspectos: los productores de arroz cultivan sus parcelas de manera más inteligente, gestionan mejor los cultivos y seleccionan mejor sus semillas. Se trata de una agricultura orientada hacia el esfuerzo y la habilidad, que contrasta con nuestra agricultura extensiva y mecanizada. Si precisamos mayor producción, o se cultivan mayores extensiones de terreno, o se mecanizan o ambas.

En el modelo chino, estando dispuesto a sembrar de manera más diligente, convertirte en más adepto a la fertilización, vigilar más tiempo y gestionar los niveles de agua (elemento crítico en el cultivo del arroz) y utilizar cada centímetro cuadrado de la parcela arcillosa, se obtienen mejores cosechas.

Estas diferencias de valores vienen de lejos. Allá por el siglo XVIII, la comparación de ambos sistemas tampoco se sostenía. Mientras que un cultivador de arroz en zona húmeda de Asia trabajaba en torno a 3000 horas al año, un campesino francés de la época por ejemplo dedicaba tan solo 1200 horas al año.

El caso chino se caracteriza por la relación entre el esfuerzo realizado en el cultivo de arroz y la recompensa obtenida. A más trabajo, mejores resultados. Además estamos ante una actividad empresarial donde la adecuada selección de semillas aleja la incertidumbre, siendo preciso inventar y gestionar un sistema sofisticado de riego por un lado y por otro, coordinar el complicado proceso de recoger la primera cosecha y al tiempo preparar la segunda. Todo ello actuando de manera autónoma.

Los campesinos europeos de la época no incentivos de mejora: eran mano de obra poco pagada por un señor aristocrático, bajo un sistema feudal opresivo. Los señores chinos por su parte (ante la dificultad de controlar la complicada producción de arroz), percibían de sus empleados, una cantidad fija de arroz por parcela, siendo el resto para los cultivadores, quienes veían premiados su ingenio y asunción de riesgos con mejores cosechas a cambio de mayor esfuerzo.

Todo esto me lleva a pensar en la importancia del esfuerzo (antes y ahora) para conseguir metas concretas. Hace un par de generaciones, por regla general la gente trabajaba realmente duro para sobrevivir y progresar en un entorno difícil. El contraste con los valores actuales es muy grande. En pocas generaciones se ha producido un efecto de péndulo, sustituyendo los valores del esfuerzo y sacrificio por el hedonismo y el culto a la propia persona. Todo ello a medida que los niveles de renta y riqueza han avanzado de manera muy considerable. ¿Seguirán esta hoja de ruta los asiáticos o por contra mantendrán sus propios valores?,… También te puede interesar: Tomas de decisión y escala de valores

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