Enseñanzas de la crisis y de la austeridad


 

La crisis europea pone de manifiesto los errores en el diseño del euro como moneda única y las soluciones propuestas para solventarla, alientan el enconado debate de la austeridad. Los distintos puntos de vista sobre las políticas aplicables para solucionar esta delicada situación de la UE, dan pie a esbozar un escenario nada halagüeño. Todo ello contemplado desde el prisma  de acreditados economistas en relación a la reforma de la UE.

  • ¿Qué hemos aprendido de la crisis?

La crisis europea, la más grave de la historia moderna, por su intensidad y duración, ha puesto en evidencia los problemas de diseño de la Unión Europea, que amenazan con enquistarse y acentuar su carácter estructural.

El esquema de la UE ha funcionado cuando no había demasiada tensión en el sistema, la economía crecía y las ventajas de pertenencia superaban a los desequilibrios generados. Para De Grauwe, la UE está a medio construir;  supone un paso adelante en la integración europea, pero falta completarla con la Unión Política para evitar las disfunciones como las burbujas inmobiliarias y el contagio de crisis sistémicas. Por ello, precisan ser reformadas no sólo las competencias de las autoridades nacionales, sino sobretodo las del BCE, dotándole de mecanismos de salvaguarda y prudenciales que le permitan evitar futuras crisis sistémicas.

Tras desencadenarse la crisis financiera internacional, se evidencian  crecientes desequilibrios y defectos de un modelo centrado en la moneda única. La crisis del euro, se vincula a la falta de sincronía en el ciclo de los estados miembros y a que los instrumentos de política económica por un lado y los de política monetaria por otro residen en manos distintas. Los primeros se gestionan en el ámbito de los estados miembros, al tiempo que la responsabilidad de la política monetaria reside en el BCE.  Sirva como ejemplo el hecho de que las expectativas de los agentes se forman a nivel nacional e inciden en la mayor o menor demanda de crédito, mientras que el control del crédito bancario llevado a efecto por el BCE es de nivel global.

La fragilidad de la UE ha quedado también evidenciada por la crisis griega, que con su reducido peso específico (2% del PIB total de la UE) ha puesto en jaque a toda la Unión Europea. El elevado nivel de deuda sobre PIB de Grecia, ha generado una explosión difícilmente imaginable y se ha contagiado a toda la UE.

Para explicar la magnitud del descalabro, hay que considerar el efecto “pánico”. Para De Grauwe los inversores con pérdidas en Grecia, descuentan que lo mismo ocurrirá en España, Irlanda o Portugal y tratan de vender sus activos de forma masiva. Ello provoca caída en el precio y en las rentabilidades de los bonos. Sus principales tenedores, los bancos, ven cómo el valor de sus balances decrece de forma importante, hasta tener que ser rescatados por los gobiernos. La espiral endiablada ya está creada: los bancos, principales tenedores de la deuda del gobierno, han de ser rescatados por los mismos gobiernos, quienes a su vez han de emitir nuevos bonos (ahora a precios más altos, porque de lo contrario los inversores no los adquieren y el capital fluye hacia otras alternativas de inversión) para financiar los rescates bancarios.

  • Debate sobre la austeridad

El elevado nivel de endeudamiento alcanzado por la deuda pública de algunos países periféricos en relación al PIB generado ha desembocado en la necesidad de su rescate. Ello a cambio de aplicar medidas de austeridad impuestas desde la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), tendentes a la reducción de los déficit fiscales, en un proceso de consolidación fiscal sin precedentes.

Uno de los soportes teóricos de la política de rescates impuestas por la Troika, ha sido el estudio “Growth in a Time of Debt,” de Keneth Rogoff y Carmen Reinhart (R&R) de la Universidad de Harvard, que pone en evidencia el que una vez que la deuda pública supere el 90% de su PIB, el crecimiento económico cae con fuerza (“fall off a clif” en palabras de Krugman), vinculando de este modo los altos niveles de deuda con el bajo crecimiento. Este trabajo está en la base de una concatenación de errores cuyo reconocimiento se está produciendo de forma progresiva en la actualidad.

Paul Krugman encabeza el frente de opinión contraria a los resultados del referido estudio, amparándose en que, tal y como argumentó John Maynard Keynes, (“the boom, not the slump, is the right time for austerity”—that cuts should wait until economies were stronger), son los momentos de fuerte crecimiento de la economía cuando es preciso aplicar medidas de austeridad, mientras que los recortes han de aplicarse cuando se produzca una cierta recuperación económica.

La intensidad en la defensa de las antagónicas posiciones ha elevado el debate a la categoría de las grandes discusiones teóricas habidas en la historia económica. En este sentido cabe destacar la aportación de Daniel Gros, quien afirma que si tomamos como referencia de partida el trabajo de R&R, la receta para salir de la crisis sería la AUSTERIDAD (reducir el déficit fiscal, vía recortes o incremento de impuestos o ambos) para mejorar el déficit.

Ahora bien, Daniel Gros (“El irrelevante debate europeo sobre la austeridad”) distingue la deuda pública contraída frente al extranjero, de aquella otra contraída frente a nacionales. La evidencia confirma que la crisis del euro no depende de la deuda soberana, sino de la externa.  El caso de Bélgica (con Deuda/PIB >100% y un nivel de deuda externa muy bajo), muestra cómo sus primas de riesgo no se han visto penalizadas. El caso japonés está en la misma línea. Japón ha mantenido durante décadas superávits considerables en su balanza por cuenta corriente, generando ahorros internos más que suficientes para absorber localmente toda su deuda pública.

La aportación de Gros es muy relevante, en la medida en que trasciende el debate sobre la austeridad: la variable de referencia, en lugar de la deuda pública es la DEUDA EXTERNA reflejada como déficit externo en la Balanza por cuenta corriente, no el déficit  fiscal.

 

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