El Sistema Financiero Vasco: Evolución de las Entidades de Depósito en la CAE 1980-2009


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Según este artículo editado en el número extraordinario del XXV aniversario de la revista Ekonomiaz, la evolución de las entidades de depósito vascas muestra una pérdida paulatina de la importancia relativa de la Comunidad Autónoma del País Vasco en España, si la medimos en función de determinadas variables financieras y económicas. La singular evolución de la población vasca por un lado, junto a distintos modelos de crecimiento económico por otro, explica este comportamiento. Las entidades de depósito, inmersas en un proceso de liberalización y desregulación afrontan los nuevos retos que surgen de un entorno financiero sumido en un proceso de reestructuración y ajuste de capacidades.

Este artículo analiza el peso específico de las principales variables que caracterizan al sistema financiero vasco contempladas desde la perspectiva de las entidades de depósito así como la evolución de su participación relativa en el conjunto estatal en el período 1980-2009. Señala como retos de futuro para el sistema financiero vasco los cambios en ciernes en el panorama regulatorio. La puesta en marcha de una nueva arquitectura financiera en la UE, junto con las nuevas normas de Basilea, donde se establezcan nuevas reglas prudenciales más exigentes de supervisión, junto a mayores exigencias de liquidez, reforzamiento de los recursos propios y control de riesgos, son sólo algunos de los temas más relevantes en la agenda de las autoridades económicas y financieras tendentes a evitar crisis futuras análogas a la que estamos viviendo.

En lo concerniente a los mercados y niveles de competencia, asistimos a un fenómeno de profundo cambio en los intermediarios financieros en general y de las entidades de depósito en particular, impulsados por la autoridad monetaria y por el gobierno español con la puesta en marcha del FROB como exponente más visible así como el Real Decreto-ley 6/2010, de 9 de abril, de medidas para el impulso de la recuperación económica y el empleo. Tales circunstancias están alterando día a día el mapa de agentes actuantes en el mercado a través de un proceso de reestructuración, redimensionamiento y ajuste de capacidades que dará lugar a un nuevo escenario. Se trata de un proceso cuya intensidad y celeridad no tiene parangón en la época moderna.

Todo ello se enmarca en un contexto lleno de circunstancias amenazantes (elevada exposición a la construcción; morosidad en fuerte ascenso, necesidad de dotaciones específicas para provisiones, gestión de riesgos, consecución de liquidez; necesidad de reducción de costes; mejora de márgenes y de la eficiencia, refuerzo de la solvencia…) y también de oportunidades, donde el éxito de modelos preexistentes en modo alguno garantiza la pervivencia futura y el mantenimiento de la posición competitiva.

Cada entidad o grupo habrá de tener en cuenta no sólo su propia estrategia de forma aislada, sino la de la competencia, siguiendo la evolución de su posición relativa respecto al resto de agentes y adecuando sus estructuras organizativas para abordar mejor la estrategia previamente diseñada y garantizarse una posición favorable para cuando se produzca la recuperación de la economía real.

Por otro lado, las entidades financieras han de integrar los cambios sociales y comportamiento de los agentes inherentes a los nuevos tiempos en su relación con la clientela. Ello supone repensar y adecuar esa relación asumiendo el potencial de crecimiento inherente de las nuevas formas de organización social (redes), al cambio de hábitos y exigencias aparejadas a los usos de las nuevas tecnologías, y también a los cambios sociológicos, de gobernanza y de responsabilidad social en un contexto de globalización e internacionalización.

En el caso español la reestructuración financiera puede conllevar la prevalencia de la forma jurídica de sociedades anónimas para las entidades de depósito, lo que va en detrimento de la diversidad institucional que tan buenos resultados en términos de competitividad ha proporcionado en los últimos 30 años.

Respecto al sistema financiero vasco, inmerso en el proceso de desregulación y liberalización de las últimas tres décadas, se caracteriza por un elevado nivel de bancarización que se manifiesta en un exceso de capacidad instalada que habrá de ajustarse en el futuro. Sus cuotas de mercado han evolucionado hacia el predominio de las cajas de ahorros tanto en inversión crediticia como en la captación de depósitos, destacando la mayor presencia relativa de las cooperativas de crédito respecto al nivel estatal.

En las variables agregadas de depósitos y créditos referenciadas al PIB, se manifiesta un comportamiento diferencial por el menor nivel de apalancamiento del crédito, con menores ritmos de crecimiento relativo que en España. Asimismo, en un contexto en el que la participación del PIB vasco sobre el de España en los últimos años se mantiene estable, y con una disminución del peso de la población vasca, la inversión crediticia vasca pierde importancia relativa sobre el total español, y los depósitos tienen un comportamiento oscilante. El resultado se traduce en una pérdida del peso del sistema financiero vasco respecto al estatal, y respecto a su contribución al VAB regional.

Finalmente, las entidades financieras se enfrentan también a una profunda crisis de confianza de los mercados y del resto de agentes. La gran incertidumbre reinante en un entorno convulso y la creciente interrelación e interdependencia económica entre los diversos mercados financieros y la economía real, exigirá en el futuro una redefinición del marco regulatorio internacional y un proceso, ya iniciado, de reestructuración, redimensionamiento y ajuste de las capacidades del sistema financiero.

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