Ejecutar las últimas fases de la innovación (ii)


En la entrada anterior “Innovar sí… pero ¿y ejecutar? y siguiendo las líneas defendidas por  los profesores Vijay Govindarajan y Chris Trimble,  de la Escuela de Negocios Tuck de Dartmouth College,  en su libro titulado “La otra cara de la innovación” ya se veía que la innovación requiere de método. En caso contrario las posibilidades de éxito son muy reducidas.

Realizadas las primeras fases referidas a 1.- dividir el trabajo, 2.- formar equipos dedicados de manera específica a la innovación y 3.-dirigir la asociación entre diversas partes de la organización, al objeto de completar el proceso quedarían los aspectos relacionados con:

4.- Formaliza el experimento

5.- Desglosa las hipótesis

6.- Busca la verdad

7.- Avanza y asciende

Veamos cada uno de ellos:

Formaliza el experimento.

El hecho de formaliza el experimento, se relaciona con hacer la experimentación de manera disciplinada y metódica, siguiendo una serie de pautas prediseñadas y orientadas a la consecución de nuevos procesos o productos innovadores. En el fondo, casi podría parecer una contradicción. Intuitivamente podría pensarse que la innovación viene de la combinación aleatoria de factores donde “la flauta suena por casualidad”. Nada más lejos de esa aleatoriedad. La innovación está ligada a la aproximación sistemática y a la obtención de lecciones de las acciones acometidas. Así, los autores defienden que los líderes de innovación deben de tratar de llegar a una forma muy específica de aprendizaje y convertir  las predicciones especulativas (es decir lo que de antemano se cree que va a suceder tras las acciones acometidas) en pronósticos consistentes y fiables.

Aprender es lo más importante y no es posible dejarlo al azar, de tal modo que los innovadores han de comparar constantemente lo que creían que iba a pasar con lo que realmente pasó y sacar conclusiones de la comparación.

Creo que este pasaje de J. Martínez Aldanondo, sobre las lecciones aprendidas, pone de relieve la importancia del aprendizaje:
“: El terremoto del 27-F de 2010 y el accidente aéreo de la isla Juan Fernández. Ambas desgracias se han examinado minuciosamente destripando hasta el mínimo detalle y aparentemente nada ha quedado al margen del voraz escrutinio público… …Sin embargo, reconociendo lo importante que resulta aclarar de forma rigurosa lo ocurrido en ambos casos, no veo que se esté prestando la misma atención al factor más importante de todos: ¿Qué aprendimos de las 2 catástrofes? Dado que ya no es posible cambiar lo que pasó, todos los esfuerzos debiesen concentrarse en evitar que sucedan de nuevo, en garantizar que no se cometan de nuevo los mismos errores. No es ningún secreto que uno de los mayores riesgos para Chile es verse afectado por un nuevo terremoto y, como ya escribimos 2 años atrás, si algo es irrefutable es que cada día que pasa falta menos para que ocurra. ¿Cómo podemos estar seguros de que no volveremos a incurrir en las mismas equivocaciones? Desgraciadamente, no podemos. No importa cuantas comisiones de expertos se hayan constituido o cuantos informes y conclusiones se hayan escrito, únicamente saldremos de dudas cuando ocurra el siguiente terremoto. Mi preocupación no parece artificial. Recientes declaraciones de un general que participó activamente en labores de respuesta al terremoto reconocen que no es mucho lo que se ha avanzado ni aprendido. Estamos corriendo un riesgo descomunal pero nadie parece estar preocupado. Asimismo, mientras una devastadora crisis asola España, lo peor que puede ocurrir es que el día que finalmente aparezca luz al final del túnel, no hayamos consensuado las lecciones que jamás debiésemos olvidar.”

Una innovación fallida que genera lecciones claras, es un cimiento para el futuro, mientras que una innovación fallida, rápidamente olvidada es sólo un fracaso.

Yo creo que esta es una aproximación tremendamente constructiva a la tarea sistematizada y protocolizada de la innovación. Hacerlo con talante positivo, tratando de aprender de manera consciente los motivos profundos por los que no se han obtenido los resultados esperados en cada fase, es la mejor manera de aportar desarrollos incrementales al proceso y de evitar futuras acciones fallidas, basadas en la experiencia previa.

Desglosa las hipótesis.

La formalización del experimento pasa por concretar las asunciones e hipótesis de partida, más allá de cuadre numérico en que a veces se convierten los procesos. Se trata de definir de manera clara las relaciones causa-efecto como punto central de la reflexión compartida. Este proceso puede servir para identificar de antemano las denominadas “incógnitas críticas”, es decir los malos resultados que pueden derivar en mayores problemas.

La experiencia nos enseña que la mayoría de problemas se deriva no tanto de que en su ejecución se eche a perder, sino porque sucede algo que nadie previó. De ahí que la tendencia de culpar a las ejecuciones incorrectas de los procesos en lugar de las asunciones erróneas de partida. Es muy común escuchar “lo hemos hecho mal por y por esto; si lo hubiéramos hecho bien el resultado sería otro”. Es decir se cuestiona el proceso de ejecución, no las hipótesis sobre las que se asienta.

Busca la verdad

Esta fase se refiere al “hemos ganado” y “han perdido”, cuando es nuestro equipo el que gana o pierde respectivamente. Algo parecido puede ocurrir en los procesos sistematizados de innovación. La interpretación de los resultados obtenidos resulta crucial y ha de ser lo más objetiva y valiente posible. Se necesita valor para admitir los errores sea de principios, de ejecución o de ambos que han alejado los resultados obtenidos de los esperados. Lo contrario va en detrimento de la credibilidad del equipo que lleva a cabo la innovación.
De ahí que la rendición de cuentas se ha de extender no sólo a los resultados sino también a las acciones acometidas (¿hiciste lo que dijiste que ibas a hacer?) y  al proceso de aprendizaje (¿dirigiste un experimento disciplinado?).

Avanza y asciende

Los autores defienden que es necesario luchar contra los mitos de la innovación. Por ejemplo, la “innovación es sólo sobre ideas”. Es cierto que se precisan de un proceso reflexivo y conceptual previa, pero es necesario ejecutarlas. Sin ejecución la innovación desaparece.

Otras veces se asocia erróneamente la innovación a la figura  de un superhombre. Este no es el caso, cuando existe un buen equipo bien orientado y dirigido hacia unas metas claras y compartidas por el mismo. La aproximación colectiva debidamente organizada supera siempre los resultados individuales, por muy potente que la persona de contraste.

La recomendación final se refiere a que es necesario tratar de incardinar la innovación en la estructura misma de la organización mediante un “enfoque personalizado”, tratando de que sea asumido por los integrantes de la misma.

 

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Una reflexión en “Ejecutar las últimas fases de la innovación (ii)

  • A. Perez Berdud

    Hola Iñaki,
    hace poco tube el gusto de leer como tu este libro y me gusto mucho, creo que a todos los que estamos en el mundo de la innovación nos hace reflexionar. En linea con tu comentario estoy 100% de acuerdo, de hecho a veces se nos olvida de donde viene la palabra Innovar, viene del latin, IN-NOVARE, Novare es algo nuevo novedoso en mi opinión la parte fácil, el IN es que funciona que esta dentro y por tanto ligado a la parte de ejecución e impacto, en mi opinión la parte complicada. Las ideas sin impacto no son innovación.
    Por cierto muy interesante tu blog.
    Saludos
    Antonio

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