Crisis económica vista desde Euskadi 2/3


  1. En esta primera parte se analizan los cambios profundos y tendencias del entorno en el que Euskadi inscribe su actuación, así como las consecuencias observables de la crisis económica que vivimos
  2. Presentación soporte en: http://es.slideshare.net/IakiBeristainEtxabe/presentacion-upv-final
  3. 1. Cambios profundos

1.1 ¿Hacia dónde va la UE?

No sé hasta qué punto el paso de la economía agrícola a la era de la máquina de vapor,  a través de la revolución industrial, fue percibido conscientemente como tal por los habitantes de mediados el S XVIII.  Seguramente pocas serían las personas con visión suficiente como para percatarse de la profundidad y trascendencia del proceso.

En cierto modo, creo que vivimos un proceso similar, donde se producen cambios en la estructura profunda de nuestra arquitectura económica, social y cultural y, en el mejor de los casos, únicamente somos capaces de visualizar aspectos parciales del proceso. Tenemos conciencia de que vivimos una época de tránsito, de cambio de era, de alumbramiento de un nuevo paradigma, donde “Nada volverá a ser como antes” y que estamos en el albur de un nuevo tiempo.

La metáfora utilizada por Alvin Toffler en su conocida “Tercera Ola”, donde los peces en la inmensidad del océano no son conscientes de la subida y bajada de las mareas, como fenómenos de fondo, pero que, pese a ello, ocurren todos los días, de forma inevitable, creo que podría ser una buena ilustración de lo que nos pasa en la actualidad. El adquirir conciencia colectiva de que asistimos a una época histórica es precisamente uno de los retos que tenemos como sociedad en estos momentos. Cuanto antes asumamos esta idea, menos costosa será la transición.

Todo proceso de cambio se manifiesta en una serie de desequilibrios y el actual no es una excepción a este principio. Las manifestaciones de la crisis son múltiples y se reflejan en la crisis financiera, de deuda, política, de legitimidad y representatividad entre otras muchas. Ello deriva en la pérdida confianza de las personas e instituciones en el buen funcionamiento del sistema.

En un contexto general, puede afirmarse siguiendo al último informe del FMI que el mundo se mueve a tres velocidades. Los denominados “países emergentes” con elevadas tasas de crecimiento económico por un lado, los Estados Unidos ocupando una posición intermedia entre los primeros y la rezagada Unión Europea, sumida en una profunda recesión, de la que no se ve la salida. La preeminencia de la Unión Europea en el entramado internacional es cosa del pasado. Los europeos hemos de interiorizar la idea de que nuestra influencia colectiva en el mundo está cada vez más diluida y de que su capacidad de incidencia en los órganos decisorios y de poder del mundo va en clara decadencia.

El desapego a la idea de Europa es creciente, los resultados de las últimas encuestas de opinión a la ciudadanía europea dan muestra de ello. El deterioro de los valores fundacionales que alumbraron y consolidaron la Unión Europea es tan evidente que se ha instaurado una especie de “sálvese quien pueda” en muchos colectivos euroescépticos.

Este conjunto de factores ha sumido a Europa, en una verdadera encrucijada, que obliga a cuestionarse seriamente su futuro. ¿Más o menos Europa? es sin duda uno de los debates latentes, que aún no se han despejado.

Las visiones encontradas alimentan los desequilibrios de fondo, hasta el punto de cuestionarse el futuro del Euro, la conveniencia de abandono de la moneda única, por las rigidices y compromisos que lleva aparejados para los Estados partícipes en la misma, imposibilitando la adopción unilateral de políticas necesarias en algunos casos, en función de la situación específica en un momento dado. Por otro lado, este contraste de percepciones de la realidad, alienta el pánico, en los agentes y en los mercados. El temor se extiende como mancha de aceite y hace que los pronósticos más pesimistas tengan crecientes dosis de autocumplimiento. De manera que un escenario no deseado, pero colectivamente descontado por muchos agentes, acaba convirtiéndose en realidad, dando carta de naturaleza a situaciones no basadas en los fundamentos económicos.

¿Salida del Euro?

Sirva como un primer ejemplo de lo expuesto, la reciente y aún viva polémica pública entre el financiero George Soros[1] y Hans Werner Sinn, Presidente del IFO (Institute for Economic Research y asesor del Consejo de Gobierno alemán), sobre el futuro del Euro. Así mientras Soros, afirma que el Euro está mal diseñado y ha generado una dicotomía norte-sur, pasando de un principio de colaboración al de sometimiento entre países. Esto se refleja en las condiciones heterogéneas de financiación en los mercados de unos y otros, en lo que constituye la fragmentación financiera. Su apuesta por los Eurobonos como forma de mutualizar los excesos de Deuda- en detrimento de los intereses alemanes- le lleva a invitar a Alemania a que si no quiere admitir los Eurobonos, “abandone el Euro”…

W. Sinn por su parte, defiende que si alguien tiene que salirse del euro, que sean los países del Sur, únicos responsables de su pérdida de competitividad, tras asumir riesgos por encima de sus posibilidades de hacerles frente,…

Probablemente la solución se halle en la combinación de ambos extremos.  Es decir ajustes vía precios en los países del SUR con una contracción entre 20% y 30% por un lado, junto a la permisión de mayores niveles de inflación (en torno al 20%) en los países del núcleo duro por otro. Ello  serviría para resituar las posiciones relativas de los Estados miembros de la UE, generando un efecto global de ajuste relativo entre el 40% y el 50%.

Crisis Autocumplidas

Otro ejemplo de cómo se produce también una crisis de autocumplimiento de las predicciones más pesimistas lo tenemos en Paul De Grauwe en Panic driven austerity in the EZ and its implications”. Emiedo y el pánico generalizado en los mercados financieros son los causantes últimos de esta crisis. Ni los países del Sur de la zona euro, ni los del núcleo duro, (atenazados por el pánico y el miedo), han adoptado las medidas necesarias para superar la crisis conjuntamente: cada uno esperaba que fuera el otro quien remediara la situación, obviando su interdependencia. Asistimos por tanto a una clara situación de responsabilidad compartida y no asumida por las partes.

Los periféricos  sometidos a severos programas de austeridad desde 2011, a cambio de liquidez vital para sobrevivir. Para De Grauwe, las restricciones impuestas por los mercados financieros (elevados diferenciales de tipos de interés- spreads), más la actuación de políticos (asustados) que se han excedido las medidas de austeridad, no  alivian las recesiones de los más débiles. Por el contrario, elevan el endeudamiento relativo sobre el PIB afectando a la capacidad de los países para mantener el servicio de la deuda. De este modo la crisis inicial de liquidez se torna en crisis de solvencia.

Los segundos sin embargo, tampoco han activado algunos estímulos fiscales para contrarrestar los movimientos deflacionarios del Sur, tal y como sería deseable en una situación ideal, frenando la reactivación y entrando en una recesión “Double dip”. De ahí que De Grauwe concluya que el miedo y el pánico no son buenas compañeras a la hora de determinar la política económica.

Para De Grauwe el escenario ideal contempla a los países del Sur con programas de austeridad para periodos más dilatados de tiempo y a los países del Norte comprometidos con estímulos fiscales que contrarresten los movimientos deflacionarios. Ninguna de las dos condiciones se está cumpliendo.

En la misma línea, De Grauwe en  Self fulfilling crisis in the Eurozone halla evidencia empírica de que la subida de diferenciales de tipos de interés de los bonos en los países periféricos en 2010-11 no guarda relación con la crisis de deuda (medida en porcentaje sobre el PIB), sino con los fuertes sentimientos negativos de autocumplimiento del mercado desde finales de 2010.  Con la generalización de los desequilibrios, los inversores toman en consideración a los elevados niveles de endeudamiento, aumentando sus exigencias de tipos de interés, presionando al laza de este modo a los diferenciales (spreads) de tipos de interés.

Este fenómeno sin embargo no se ha observado en los países no pertenecientes a la zona Euro, pese a tener también elevados niveles de endeudamiento. En efecto, Daniel Gros en “El irrelevante debate europeo sobre la austeridad” distingue la deuda pública contraída frente al extranjero, de aquella otra contraída frente a nacionales. La evidencia confirma que la crisis del euro no depende de la deuda soberana, sino de la deuda externa. Como ejemplo el caso de Bélgica(con Deuda/PIB >100%) sus primas de riesgo no se han visto penalizadas (porque el nivel de deuda externa es bajo) o Japón, con superávits considerables de su balanza por cuenta corriente que le permiten absorber localmente toda su elevada deuda pública.

La UE en la encrucijada: ¿más o menos Europa?

En cuanto al tercer ámbito, cabe señalar que el futuro de la UE está en juego. Europa se enfrenta a la tarea de diseñar su propia hoja de ruta: o bien retrocediendo hacia la fragmentación y desintegración última, con salida de algunos países del Euro y ruptura de la Unión Europea, o bien hacia una reconsideración de la gobernanza institucional y política. Es decir hacia la mayor integración en Europa, tal y como defienden quienes afirman que estamos ante una oportunidad para crear un estado único europeo al modo de los Estados Unidos de América.

La realidad es que Europa se construye día a día: las decisiones sobre la unión bancaria, la creación de instrumentos de supervisión y vigilancia, los sistemas de garantía de depósitos… van dando forma a la nueva Unión Europea, avanzando día a día en su consolidación.

Las dificultades de este avance se relacionan con las cuotas de poder. Para que la opción de “más Europa” sea convierta en una realidad, se precisa que los estados miembros cedan parcelas de poder “hacia arriba”, a favor de las instituciones europeas. En este sentido se pronunciaba recientemente Mario Draghi  al afirmar que ”avanzar hacia una mayor unión requiere una profundización equivalente en la unión política”. La mayor autoridad a nivel europeo ha de estar amparada por una legitimidad democrática, donde los parlamentos nacionales se conviertan en instituciones europeas.

De manera simultánea también han de producirse transferencias de poder “hacia abajo” hacia las regiones, asumiendo éstas, como unidades políticas y administrativas más próximas a la ciudadanía, mayores competencias de desarrollo y ejecución, en su ámbito, de las estrategias conformadas en un plano europeo.

Ambas transferencias presentan grandes dificultades en la práctica, observándose en muchas ocasiones el renacimiento de movimientos recentralizadores, al amparo de la situación de “crisis” que justifica la vuelta atrás a favor del estado central, recuperando competencias que habían sido previamente redistribuidas territorialmente a las comunidades autónomas, como en el caso de España.

1.2 Consecuencias de la crisis europea

Esta situación de desequilibrios generalizados que caracteriza al entorno en que las regiones han de sobrevivir, se manifiesta en una serie de consecuencias, a saber:

El Estado de bienestar ha tocado techo.

Los avances habidos en momentos de bonanza y fuerte crecimiento han alcanzado niveles de bienestar y servicio no mantenibles en la contracción, de modo que se precisa el adelgazamiento del estado de bienestar y la adecuación a las necesidades de una sociedad envejecida y con altos niveles de desempleo. Cabe señalar que  el proceso afectará, entre otros, a ámbitos como la negociación colectiva, el papel de los sindicatos, los subsidios de desempleo o los hospitales públicos, si no total, sí de forma gradual, hasta alcanzar equilibrios sostenibles.

Por otro lado, es más que probable que se avance por una nueva definición del orden político-institucional. La configuración del estado de las autonomías tal y como lo conocemos, también está llamadas redefinirse y, probablemente, el nuevo orden se parezca poco al preexistente.

La irrupción y generalización de las nuevas tecnologías facilita el cambio en las relaciones de poder

Las nuevas tecnologías propician el desarrollo de una economía en red, con centros decisionales distribuidos, y facilitan la deslocalización, o mejor multilocalización, de las industrias manufactureras, hacia entornos con estructuras salariales más ventajosas. De este modo, para las economías (regiones) avanzadas sólo cabe el desarrollo de la economía del conocimiento, articulada en torno a una sociedad en red, compitiendo sin barreras que exige gestionar con eficiencia el plano global y el local.

Además las TIC suponen un gran paso adelante en la democratización del acceso a la información, de donde se derivan cambios en las relaciones de poder entre ciudadanos y administración. Transitamos de un esquema piramidal jerárquico a otro distribuido en red, complejo, interactivo, proactivo y participativo. La  desintermediación del poder vertebra nuevas formas de relación y obliga a reenfocar la forma de administrarlo. Se pasa de “ordeno y mando” a “díme cómo lo hago” a  “ayúdame a hacerlo”… De este modo, la oferta de datos públicos (open data), el acceso de los ciudadanos a la información y gestión de lo público se torna determinante del éxito en la gestión pública.

El poder de la masa se manifiesta de forma creciente en diversos ámbitos. Así movimientos como el 15M, las protestas sociales masivas como las de Egipto, Marruecos o más recientemente Brasil, están alterando de forma drástica las relaciones de poder. Uno de los elementos en los que se sustenta ese poder está en que el potencial de contacto entre personas ha crecido de forma exponencial. En la era anterior, coordinar los esfuerzos de 100.000 personas por ejemplo, daba como resultado hechos tan excepcionales como la llegada del hombre a la luna o la construcción del Canal de Panamá. Las nuevas tecnologías permiten aprovechar el esfuerzo de cantidades ingentes de personas para crear proyectos como Wikipedia, la enciclopedia libre basada en el esfuerzo colaborativo y gratuito de aportaciones, o Duolingo, sitio de aprendizaje gratuito de idiomas y al tiempo plataforma de crowdsourcing, que aprovecha el esfuerzo de un potencial de 1.200 millones de estudiantes para traducir contenidos y libros a cualquier idioma.

Pérdida de adhesiones de la idea de Unión Europea

Reverdecen las visiones recentralizadoras por parte de los estados miembros en contraposición a la concepción unionista a favor de una mayor unión. La prevalencia de unos u otras, abre escenarios distintos, nunca iguales a los preexistentes. Ya nada volverá a ser como antes.

Además los principios fundacionales de la UE (cohesión y solidaridad) se han resquebrajado. La visión economicista se sobrepone a la social, si bien no habría que subestimar la voluntad política de los europeos por mantener las estructuras de la Unión. Las estructuras construidas durante la vigencia de la Unión Europea (constitución del SME, vigilancia multilateral de los Presupuestos nacionales y de los desequilibrios macroeconómicos, inicio del camino hacia la Unión bancaria…), han costado demasiado como para echarlas por la borda fácilmente.

La voluntad europea se enfrenta con la doble fatiga de sus ciudadanos (fatiga de la austeridad impuesta en el Sur y la fatiga por los rescates de los países triple A). En el marco de las sociedades democráticas, no se trata de un dilema político (ciudadanos europeos del Mediterráneo contra ciudadanos alemanes), sino de un choque de legitimidades entre los países del Norte y los del Sur.

Encontrar una salida a este conflicto no parece fácil, pero el escenario más probable incluiría una serie de equilibrios múltiples con el fin último de salvar el proyecto europeo, lo cual nos conduce a una Unión Monetaria inacabada, a varias velocidades, sorteando problemas sobre la marcha.

La crisis de la Deuda es la crisis de Europa

Pese a que la situación es tremendamente cambiante, recientemente se barajaba la probabilidad de que Grecia y Chipre se vieran obligadas a abandonar el euro, ya que sin crecimiento no es posible retomar una senda sostenible de la Deuda.  Lo mismo podría ocurrir con España e Italia, si bien su dimensión convierte un problema técnico en un problema político de dimensiones históricas. La eventual salida para España e Italia pasaría antes por alguna clase de reestructuración de su deuda y por la participación de los acreedores bancarios (bail-in, como en el caso de las preferentes españolas o de los depositantes chipriotas) antes de abandonar el Euro por temor al contagio.

Papel clave de los Bancos Centrales

Los bancos centrales han alcanzado un gran protagonismo en el proceso de reconducción hacia los nuevos equilibrios y el escenario de crecimientos débiles potenciará todavía más su papel, socavando parcialmente su estatuto de independencia. En la nueva gobernanza se potencia el papel de los técnicos en contraposición a los políticos, pudiendo incurrirse en la falta de legitimidad democrática de las instituciones rectoras: ¿Quién ha elegido a la Troika?

En el caso de la Unión Europea, el papel del Banco Central Europeo tampoco es una cuestión pacífica. El debate gira en torno a si su función ha de limitarse únicamente al control del nivel de precios, tal y como defiende destacados personajes alemanes, o si, por el contrario, ha de actuar como financiador en última instancia, inyectando liquidez a través de mecanismos no convencionales como los OMT. Las visiones sobre  están tan alejadas que el tema sobre si la actuación del BCE, excede o no al mandato otorgado por el gobierno alemán está sometido al Tribunal Constitucional alemán. Esta circunstancia evidencia la paradoja de que el futuro de la Unión Europea esté sometido al escrutinio de una institución no propiamente comunitaria, sino de uno de los estados miembros. La fragilidad de la situación es evidente y requiere la adopción de medidas tendentes a evitarla.

Recuperación de la competitividad

En general, las preocupaciones se han centrado en la parte financiera, en la burbuja inmobiliaria…, confiando en que cuando los equilibrios retornen, se vuelva al crecimiento, tal y como ocurría hasta el desencadenamiento de la crisis (2008), y que el aumento de las exportaciones será, una vez más, la tabla de salvación que impulse la actividad y hemos olvidado la competitividad.

En efecto, Josu Ugarte afirma que la competitividad es “la capacidad para conquistar o mantener cuotas de mercado de manera rentable en los mercados nacional e internacional” y pivota en el coste, tecnología y marca, elementos claves de la competitividad. Hemos perdido nuestra posición previa, es decir “la capacidad para conquistar o mantener cuotas de mercado de manera rentable en los mercados nacional e internacional”.

El foco excesivo en una crisis financiera e inmobiliaria combinada, ha pasado a un segundo plano a la pérdida de competitividad. Según Pedro Luis Uriarte, si un país pierde su  competitividad, se inicia un ciclo progresivo de desplazamiento en el orden internacional que lo lleva a la  decadencia y al colapso.

En suma, las manifestaciones de la crisis del Euro y de la UE, no son sino el reflejo de la falta de adecuación del modelo organizativo para la resolución problemas de escala superior. El abordar desequilibrios de nivel planetario con modelos concebidos para la escala europea, evidencian la necesidad de transitar hacia un Nuevo Modelo europeo.

 

 

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