Austeridad y pánico financiero


Implicaciones de la austeridad auspiciada por el pánico

La situación de crisis financiera de los países de la Eurozona ha originado dos grandes grupos de países: los deudores y los acreedores, cuya situación geográfica coincide con los países periféricos o del Sur de Europa y los países centrales y nórdicos. Mientras unos acusan a otros del origen de sus males, los otros hacen lo propio sobre los primeros.

Pero ¿hasta qué punto son los mercados financieros el origen de esta situación?

Una vez más, son las expectativas (negativas) generadas en los mercados (financieros en este caso) las que han condicionado la actuación de los países a través de los agentes y responsables de política económica, quienes presas del miedo y el pánico en situación de crisis grave, han errado en el diagnóstico y en las subsiguientes medidas paliativas.

En efecto, según afirma Paul De Grauwe en Panic driven austerity in the EZ and its implications”, el miedo y el pánico generalizado en los mercados financieros figuran como los causantes últimos de esta crisis. De ahí que ni los países del Sur de la EZ, ni tampoco los países del núcleo duro, todos ellos atenazados por el pánico y el miedo de los mercados, hayan adoptado las medidas necesarias para superar la crisis conjuntamente: cada uno esperaba que fuera el otro el que remediara la situación, obviando su interdependencia.

Los primeros se han visto obligados a incluir severos programas de austeridaddesde 2011 a cambio de obtener la liquidez. Para De Grauwe, las restricciones impuestas por los mercados financieros al hilo de los elevados diferenciales de tipos de interés (spreads), unida a la actuación de los políticos (asustados) que han excedido las medidas de austeridad, no  alivian las recesiones de los más débiles. Por el contrario han elevando los niveles de endeudamiento relativo sobre el PIB y minado la capacidad de los países para mantener el servicio de la deuda. El fenómeno es tal que la crisis de liquidez desencadenante de la contracción puede convertirse en una crisis de solvencia.

Los segundos tampoco han actuado de forma conveniente, activando estímulos fiscales para contrarrestar los movimientos deflacionarios originados en el Sur, tal y como sería deseable en una situación ideal.

De ahí que De Grauwe concluya que el miedo y el pánico no son buenas compañeras a la hora de determinar la política económica.

El proceso se origina en los mercados financieros que emitieron señales erróneas elevando artificialmente los diferenciales (spreads), lo que deriva en fuertes medidas de austeridad en los países con problemas de liquidez.

Por otro lado, los mercados financieros excluyen a los países nórdicos sin forzarlos a que estimulen sus economías a través de medidas compensatorias. El escenario ideal serían países del Sur con programas de austeridad para periodos más dilatados de tiempo y países del Norte comprometidos con estímulos fiscales que contrarresten los movimientos deflacionarios. Ninguna de las dos condiciones se está cumpliendo y se produce en consecuencia una recesión double dip.

Los intensos programas de austeridad dictados por los mercados financieros han creado nuevos riesgos en la EZ. Mientras el BCE decide apoyar el mercado de bonos, eliminado los miedos preexistentes, los nuevos riesgos sobre la EZ han saltado al ámbito social y político. Los programas de austeridad producen sufrimiento innecesario, especialmente a los millones de personas arrojadas a la pobreza y desempleo. La resistencia a estos programas crecerá y puede alentar en millones de personas el deseo de ser liberadas de las cortapisas impuestas por el euro.

En la misma línea y reforzando estos argumentos, se sitúa el trabajo “Self fulfilling crisis in the Eurozone” del mismo autor, donde halla evidencia empírica de que la subida de diferenciales de tipos de interés de los bonos en los países periféricos en 2010-11 no guarda relación con la crisis de deuda/PIB, sino con losfuertes sentimientos negativos de autocumplimiento del mercado desde finales de 2010. Ello genera desequilibrios y los inversores empiezan a tomar en consideración los elevados niveles de endeudamiento, elevando sus exigencias de tipos de interés, es decir pidiendo mayores spreads. Este fenómeno no se ha observado en los países no pertenecientes a la EZ, pese a tener también elevados niveles de endeudamiento.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *