¿Qué es esperable del Sector Público vasco en tiempos de crisis?


Asignar recursos públicos adquiere mayor relevancia en un contexto de crisis económica, con caída generalizada de los ingresos impositivos y despegue de los gastos sociales y aumento de los déficits públicos. Pese a que pudiera pensarse lo contrario, la crisis actual, presenta características similares en muchos aspectos a otras anteriores (1825, 1873, 1929,…), basta para ello con releer a Galbraith en su obra clásica sobre la crisis de 1929. Y se manifiesta en la generación de tensiones entre plazos (corto vs largo) y entre visiones (perspectiva nacional vs internacional). Todas ellas fueron precedidas de un boom en innovación y de un cambio estructural. Afirmar que la crisis actual se caracteriza por ser global, producir pérdida de riqueza y confianza entre los agentes que, de repente se sienten “menos ricos” y se muestran más precavidos, por surgir en el ámbito financiero y haberse transmitido con rapidez a la economía real, es confirmar un diagnóstico compartido. Menor, aunque posiblemente más necesaria e ineludible que nunca en la historia, es el consenso sobre la necesidad de la coordinación multilateral hacia la senda de estabilidad y el crecimiento sostenible para su pronta solución.

En este contexto, las políticas monetarias aplicadas por los bancos centrales han sido de contención, destinadas a frenar las consecuencias negativas de la sangría. En el área del euro, las medidas de política monetaria del BCE han frenado la caída, si bien para compensar la contracción de la demanda agregada, se precisan también medidas fiscales alineadas en el mismo sentido. La importancia de acierto en el mix de medidas fiscales no es posible obviarla: un mayor gasto público, redistribuye los efectos de la crisis entre distintos segmentos de la población y extiende sus implicaciones a futuro, comprometiendo las capacidades de pago e inversión de generaciones venideras. El problema se complica al afectar a varios ámbitos. La crisis de origen financiero se ha extendido a la llamada economía real y ha deteriorado fuertemente la confianza de los agentes. Las dificultades son por tanto evidentes y la situación precisa de una gestión pública responsable basada en la racionalización de los programas públicos fiscales (mediante modelos de simulación y evaluaciones ex post de políticas públicas) que, sin despreciar las lecciones del pasado, intenten atinar con propuestas adecuadas para afrontar el incierto futuro.

Las mejoras comienzan por el binomio eficacia-eficiencia del sector público, identificando buenas prácticas entre administraciones y países (benchmarking), tratando de obtener mejores resultados con los mismos recursos (estudios recientes estiman en un 27% el margen de mejora para el sector público en la UE), primando las políticas de mayor rentabilidad social a partir de objetivos e indicadores enmarcados en una estrategia clara y precisa y procediendo al recorte selectivo del gasto público, todo ello sin menoscabo de los segmentos más desfavorecidos.

Y en el horizonte de corto y medio plazo, la necesaria consolidación fiscal pasa por la retirada ordenada de los impulsos fiscales, previa evaluación de su contribución al aumento del PIB y vuelta a la senda de disciplina presupuestaria propugnada en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, señal inequívoca de la temporalidad y excepcionalidad de las actuaciones públicas emprendidas para equilibrar la caída de la demanda interna. La mejora de las expectativas y la confianza por su parte, exigen transparencia y el ejercicio de un liderazgo claro y consensuado desde el sector público. Para mejorar la confianza de los agentes se requiere desarrollar activamente planes de recuperación económica a largo plazo que, partiendo de un diagnóstico certero, compaginen el escenarios macroeconómicos con escenarios presupuestarios factibles y creíbles.

Finalmente, es preciso anticiparse a los problemas, y diseñar estrategias de salida, mediante la puesta en marcha de reformas estructurales tendentes a aumentar y mejorar el capital humano a través de la formación, a paliar los efectos asociados al envejecimiento de la población, dando respuesta a los diversos retos sociales, como condiciones para la mejora de la productividad y el crecimiento sostenido. Es esperable por tanto, que para afrontar la crisis, desde el sector público vasco se apueste decididamente por continuar y potenciar las políticas de inversión pública autónoma y local en áreas prioritarias desde una visión estratégica de medio plazo. Asimismo es esperable y exigible el acierto en el mix de políticas. Existe un consenso amplio en algunos de los resultados arrojados por los modelos de simulación las políticas tendentes a aumentar la inversión pública, financiada preferentemente con impuestos indirectos emerge como una la fórmula eficiente para potenciar el crecimiento del PIB.

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