¡¡Otra vez con la Tasa Tobin a vueltas!!


La reciente propuesta de la Comisión Europea (28 de septiembre) de establecer un impuesto a las transacciones financieras (FTT: Financial Transaction Tax), resucita de nuevo el debate sobre la llamada Tasa Tobin.

La imperiosa necesidad de allegar fondos para equilibrar el presupuesto comunitario de 2014-2020, ante las reticencias de los países contribuyentes netos a seguir sufragando las crecientes necesidades presupuestarias, han llevado a la Comisión Europea a hacer una propuesta en este sentido.

La experiencia histórica muestra sin embargo que, amén de los problemas técnicos de implementación, el resultado final podría ser una huida del dinero y, por ende, de las transacciones hacia paraísos fiscales.

A favor:

Los partidarios de este tipo de medidas defienden que aplicando un impuesto muy pequeño (de solo el 0,05%) sobre todas las transacciones financieras internacionales podrían recaudarse más de 300.000 millones de euros anuales. Trasladado al escenario español, podrían recaudarse hasta 6.300 millones de euros anuales según la Fundación Ideas.

La justificación moral descansa en la idea que dado la crisis se desencadena en el sistema financiero, sea éste quien contribuya también para salir de la misma. Además esta medida reduciría la volatilidad de los mercados y allegaría fondos para las maltrechas economías europeas.

El volumen y número de operaciones financieras crece de forma exponencial, sin correlación con las transacciones de la economía real, es decir soportadas por bienes o servicios transaccionados entre agentes. Así el Banco Internacional de Pagos de Basilea afirma que el mercado de divisas en abril de 2010 movía un volumen un 20% superior al de 2007, antes de la crisis. Esto significa que cada día se realizan operaciones cambiarias por valor de cuatro billones de dólares, pero solo un 2% llevaban asociados intercambios comerciales. La separación entre el mundo financiero y el real es cada vez mayor.

En contra:

Ahora bien, desde otra perspectiva las dificultades para aplicar ese impuesto a las transacciones financieras tienen que ver con aspectos técnicos por un lado. Lo más preocupante sin embargo es el riesgo de deslocalización del dinero que hoy se mueve “a velocidad de la luz”. La interconexión planetaria de los mercados apoyados en la extensión de las nuevas tecnologías, hace que el dinero se mueva en un único mercado mundial. Por otro lado es bien sabido, tal y como decía el profesor Fuentes Quintana que “no hay nada más temeroso que un millón de dólares”… (silencio)… ¡¡¡SÍ: DOS!!!

La idea de limitar el marco geográfico de aplicación de la denominada Tasa Tobin, en honor al quien la planteó por primera vez para las transacciones de divisas con el fin de sufragar proyectos de cooperación y desarrollo a escala internacional, resulta altamente incierta.

Las experiencias fallidas de Suecia, con la puesta en marcha de un impuesto similar al FTT entre 1984-91. En este capítulo de experiencias negativas se halla también la eliminación del régimen especial de las SICAV en la CAE. Como consecuencia de ello el escenario fiscal ha cambiado. ¿Qué es mejor, aplicar un tipo de gravamen bajo sobre un volumen alto de dinero? ¿O aplicar un gravamen más alto… sobre… saldo cero? El resultado neto de la recaudación nos da la respuesta al dilema.

Por ello, una tasa a nivel de la  UE exige la unanimidad de sus Estados miembros, es prácticamente imposible por la manifiesta oposición de ingleses y suecos, que ven peligrar la plaza financiera de Londres y por lo aprendido en propia carne. Por ello el ámbito habría de circunscribirse a la Zona Euro. Las consecuencias previsibles apuntan al menos hacia una deslocalización a plazas financieras (¿Londres la gran beneficiada entre otras?) y la caída del volumen transaccionado en la zona euro.

Personalmente creo que en este caso los inconvenientes derivados la aplicación de un impuesto al sistema financiero, superan a las ventajas sobre la recaudación esperable. En cualquier caso el debate y la polémica están servidos.

 

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